
Durante la madrugada del 18 de octubre de 2026, un joven jabalí tuvo la mala fortuna de adentrarse en Zaragoza y, desorientado, acabó huyendo por diversas calles hasta llegar al casco histórico. Su huida atrajo la atención de quienes festejaban el último día de las fiestas del Pilar. Se cree que pudo llegar por las riberas de los ríos Ebro y Huerva, un cauce natural de fauna silvestre.
Sin que se conozca cómo pudo ocurrir, el animal accedió al interior de un conocido bar de copas (que dispone de doble puerta), en donde fue atrapado y degollado presuntamente por el dueño o el personal de seguridad.
En los vídeos difundidos se observa la correcta actuación de diversas patrullas de la Policía Local y Nacional que, con sus medios disponibles en esos instantes, van indicando por megafonía a los peatones que permanecieran quietos.
Se aprecia claramente que el animal carece de colmillos, es joven y, en su huida, esquiva continuamente a peatones, vehículos e incluso adelanta a un repartidor en patinete.
Ya dentro del bar de copas, las imágenes muestran cómo una persona mucho más corpulenta agarra al animal del rabo y lo dirige hacia una zona de pasillos. El joven jabalí quiere huir, pero sus patas resbalan sobre el suelo mientras es agarrado. En ningún momento hace amago de atacar ni revolverse para agredir.
Frente a lo publicado en algunos medios sobre una supuesta embestida, la propia víctima manifestó: «Me hizo daño porque pasó al lado mío. El animal estaba asustado». Otros testigos refieren que «De repente desapareció y todo volvió a la normalidad», lo que evidencia que la situación no causó un peligro tal como para detener la música, encender las luces o desalojar el local hasta la llegada de los Servicios Públicos, tal y como se comprueba en otro de los vídeos donde bomberos y Policía Nacional salen del interior del bar, que sigue a oscuras y con clientes.
Esa sensación de escaso riesgo y normalidad es, precisamente, la que desmonta la existencia de un miedo insuperable que pudiera justificar la muerte del animal.
Nuestra valoración jurídica.-
Entendemos que en la muerte del pequeño jabalí pueden darse circunstancias recogidas en el Código Penal que eximan de responsabilidad. Sin embargo, como presunto delito público contra los animales vertebrados, deben ser investigadas para determinar si se actuó de forma proporcional y sin otras alternativas. El amparo del “estado de necesidad” exige que el mal causado no sea mayor que el que se trate de evitar.
Somos conscientes de que no es lo mismo actuar en caliente que analizar los hechos a posteriori. No obstante, la gran capacidad de reacción mostrada por quienes agarran y degüellan al animal, unida a su actitud posterior “como si nada” (después de la irrupción de un animal salvaje en el local), exigía una respuesta acorde a los principios de congruencia y proporcionalidad: haberlo encerrado en un baño, inmovilizado hasta la llegada de los recursos públicos, o haber desalojado la sala dejando dentro al animal.
La falta de actuaciones policiales o judiciales en esta tipología delictiva traslada a la sociedad un mensaje peligroso: con la mera justificación de los autores, estas conductas no merecen investigación, quedando impunes hechos como disparar a un perro extraviado o abandonado hasta rematarlo o degollar a un jabato asustado.
Por estos hechos, hemos dado traslado al Ministerio Fiscal para su conocimiento y valoración.
POLICÍAS POR LA DEFENSA DE LOS ANIMALES Y LA BIODIVERSIDAD (APDA)
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